El despliegue de las fuerzas federales no pasó desapercibido, por lo que vecinos atónitos observaron cómo la zona se llenaba de unidades oficiales, soldados armados y agentes que no daban tregua durante el cateo.
Los inconformes aseguran que Rosales no participó en la agresión ocurrida en Semana Santa de aquel año y que su proceso estuvo lleno de irregularidades.
Los asaltantes salieron del lugar y abordaron una motocicleta Italika amarilla con negro, donde un tercer cómplice ya los esperaba para emprender la huida.